Sexoterapia integrativa en Sexpecialista Andrea Delgado

Sexoterapia integrativa en Sexpecialista Andrea Delgado

Los(as) médicos(as) sexólogos(as) procuramos por la mejoría del entorno sexual de la pareja. El entrenamiento sexual también ayuda a mejorar la comunicación de pareja y de la relación en general. Adrián Sapetti decía que: “la psicoterapia sexual entra dentro del campo de la psicoterapia focalizada breve, con un abordaje de pareja desde el punto de vista sistémico”.

La Sexoterapia puede ser variable de acuerdo con la formación del(a) terapeuta, el enfoque que más se usa en el postgrado médico de sexología en Colombia, es la terapia cognitivo conductual, por la profundización que se realiza en la Universidad de Caldas. Este enfoque, posibilita herramientas para mejorar la comunicación y todo lo que conlleva a las dificultades con el disfrute erótico.

Lo que pretende la Sexoterapia integrativa y la terapia de pareja, es generar un cambio en el sistema, señalando las pautas de interacción de ambas partes.  

Máster y Johnson en 1970 decían que, como parte de los principios que deben guiar el trabajo de los(as) terapeutas sexuales, es analizar la disfunción sexual que se presenta en el contexto de una relación de pareja y ahondar en la comunicación, ya que esta es clave en el disfrute de la interacción sexual. Por eso, todas las teorizaciones en terapia de pareja pueden darnos esas herramientas para mejorar la comunicación.

Dentro de un tratamiento sexual podemos reconocer varios ejes:

  • Las técnicas para incorporar la conciencia corporal propia: se pueden emplear para habitar el cuerpo, la diferencia entre imagen corporal y experiencia corporal. Esta cuestión del disfrute del aquí y el ahora, porque este siempre involucra el presente.
  • Trabajar con la erotofilia: es decir, potenciar el erotismo en la pareja.
  • La potenciación de la intimidad: donde entran todas las técnicas de comunicación emocional.
  • Estudio de organicidad: si la causa de las dificultades es orgánica o una enfermedad médica o fármacos, realización de tratamiento y ajuste de los mismos.

El tratamiento, entonces, es ideal que apunte a incluir a la pareja en la terapia; es preferible si se realiza en colaboración, porque los síntomas se dan en ese contexto y porque gran parte del trabajo se basa en psicoeducación y es importante que ese trabajo lo presencien ambas partes.

Nos encontramos con diferentes escenarios, a veces la pareja define el vínculo como amoroso y comprometido y desea recibir ayuda para resolver conflictos entrampados; en otros casos, uno de los miembros cuestiona el vínculo amoroso y en otros, la pareja tiene indefinida la relación. En las últimas dos situaciones, es muy importante definir la relación, estar atentos a esto y determinar si lo que está necesitando esa pareja, es una terapia sexual o de pareja, para redefinir el vínculo.

El paciente en este caso es la pareja y trabajamos con la naturaleza de la comunicación sexual. Los conflictos vinculares que aparecen, las creencias que traen a consulta, por ejemplo, que uno de los dos es “culpable” de los problemas (algo muy habitual creer esto), hace que el motivo de consulta vaya dirigido a que el (la) terapeuta solucione lo que le pasa a su pareja, bajo la creencia de que si se arregla tal como lo solicita, ya no van a tener más conflictos.

El papel del (la) terapeuta es identificar y “curar al culpable enfermo(a)”. Muchos (as) insisten en repetir exámenes médicos y llevarse una pastillita, sino, quedaría implicado en lo emocional con lo que está pasando, en esta situación, el rol de la pareja en consulta, es muy importante.

Muchas parejas, desean tener una vida sexual sin fallas y presionan al compañero(a) para que encuentre una solución de cualquier manera y esto aumenta la ansiedad. Algunas, asocian su disfunción a partir de lo que le pasa a la pareja y no disfrutan y perpetúan las conductas más aversivas o de evitación; otras parejas, no pretenden tener una sexualidad muy activa por lo que también perpetúan la evitación, si no, que les queda como anillo al dedo para no hacerse cargo de lo que pasa y también está la pareja colaboradora, con la que todo(a) terapeuta sexual desearía encontrarse.

La terapia sexual consiste en modificar el sistema sexual de la pareja, de manera que satisfaga las necesidades de ambos integrantes, de ahí que en muchos casos deba interrogarse sobre el guión sexual de cada miembro, los esquemas que trae acerca de la sexualidad y cuáles son los obstáculos para el disfrute sexual que operan en el aquí y el ahora, inhibiendo la respuesta sexual, por ejemplo:

  • Evitación 
  • Temor al fracaso
  • Ansiedad por el rendimiento
  • Las defensas eventuales ante el placer erótico
  • Sobrepensamiento o rumiación
  • Dificultad para comunicar abiertamente acerca de lo que se quiere y/o necesita

En el placer hay que emplear todos los sentidos. Allí, las sensaciones que provocan aspectos como la sensualidad, es una experiencia que no tiene prisa por desaparecer. Entonces, el mindfulness y todas las técnicas asociadas con esta disciplina, ayudan a conectar con el momento presente y a ubicarse en la capacidad máxima del disfrute: la clave para mantener una sexualidad satisfactoria es mantener un vínculo con ella, orientado al placer.

La comunicación asertiva (poder conocer lo que de verdad se desea y comunicarlo); darse permiso y poner el objetivo en el recorrido (no en el punto de llegada) y cambiar esa sexualidad coitocéntrica y ligada solamente a una manera, son temas fundamentales. 

Así han aparecido nuevas teorias en terapia de pareja como good and enough sex (sexo suficientemente bueno), que habla de poder centrarse preferentemente en la intimidad emocional y en el placer sexual y no tanto en el rendimiento sexual, generando expectativas más realistas sobre el sexo; donde la intimidad podría ser el eje central y la finalidad última y el placer tan importante como la función y la mutua aceptación emocional.

Sustituir el acento que prevalece en el rendimiento sexual en detrimento de la calidad y la satisfacción sexual, abogan un enfoque en el intercambio de placer y disfrute de la relación en el contexto de una terapia que procura por establecer un tratamiento integral enfocada en aspectos biológicos, emocionales y sociales, siempre como un traje a medida. 

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